Imagen019Las actividades culturales masivas no son pocas en nuestra región, algunas, por no decir casi todas, no son difundidas como se merecen para la correcta llegada a los ciudadanos, pero existe una en especial que no cumple con los fines básicos para los que fueron creados. Pienso directamente en la que en nuestra región se nos ofrece como “Carnavales Culturales”.
Analizando de forma más o menos rápida este título comenzaremos por descubrir que la palabra carnaval se refiere de primera forma a los tres días que preceden al comienzo de la Cuaresma. Luego, y alejándonos un poco de lo netamente religioso, concluimos que esta palabra también es alusión a las fiestas populares que se celebran en ciertos días, y consiste en mascaradas, comparsas, bailes y otros regocijos bulliciosos. Hasta ahí todo perfecto, estamos de acuerdo a la semejanza con aquella fiesta celebrada cada final de año y hace algún tiempo en Valparaíso. Pero, cuando aparece en los afiches y en la publicidad de todos los medios la palabra Culturales, se me produce en la cabeza un bullicio un tanto incomodo, mas bien molestoso. Algo no está funcionando como corresponde. Si bien nuestros carnavales son esa catarsis necesaria para todos los ciudadanos de la región, en la época donde se termina el ciclo de un año con toda esa carga de emociones, vivencias, situaciones, y todo aquello que nos hace crecer como seres pensantes, buenas o malas, del mismo modo para los visitantes que vienen a disfrutar del regocijo excitante y desbordante de la ciudad. No nos podemos olvidar que Carnaval es sólo una pequeña parte de lo que es la palabra Cultura, por favor no nos confundamos. Analicemos esta palabra.
Cultura: 1 Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico. 2 Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. Ahora si queremos hacerlo Popular, esto tiene que ver con: 3 Conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo.
Bien ninguno de los tres puntos tiene relación con aquello que nos quieren vender aquellos señores encargados de la cultura de nuestra sociedad.
Pienso en el primer punto y no encuentro como acercarlo a nuestra realidad, me parece que en un grado mínimo se logra desarrollar el juicio crítico, talvez en un dos por ciento, el resto aún sigue siendo carnaval. Con esto quiero derechamente apuntar a que el pueblo no necesita reventarse con fiestas y desorden, al pueblo hay que educarlo, hacerlo meditar, cuestionarse las cosas y los hechos. No le entreguemos una mala copia de un circo europeo, con danzarines traga fuego o equilibristas de semáforo, con el debido respeto que se merecen quienes realizan estos oficios para vivir. Tampoco queramos ser un símil de Los Carnavales de Río, con los niños y sus familias preparándose un mes antes para luego hacerlos desfilar por la avenida Pedro Montt. Recordemos que en Río se preparan todo el año de forma y con gente profesional. Aquí es donde cabe el punto dos, donde el desarrollo artístico de la ciudad queda devaluado por la misma institución cultural. Ni nos pronunciemos por el desarrollo científico e industrial.
Con el tercer punto penosamente quedamos nuevamente cojos. Dónde queda la memoria. No esa memoria añosa ni resentida de la historia. Pienso en la historia nostalgiosa de los artistas que con el paso del tiempo se han hecho grandes y terriblemente olvidados, fetiche únicamente para quienes en su época fueron seguidores o discípulos pues, ellos jamás los olvidaron.
Basta con realizar un trabajo verdadero de investigación, para descubrir que existimos quienes aún seguimos aprendiendo de aquellos maestros, vivos o ya idos. Lamentablemente la gran maquinaria “cultural” no se da el trabajo por el que todos nosotros, llámennos idealistas o soñadores, nos ocupamos.
Pueden decir que existen las políticas culturales en las que se pueden postular año tras año para realizar y ejecutar esos trabajos. De acuerdo, pero algo muy simple de entender, a los artistas no se les debe invitar a llenar cientos de inentendibles formularios, para acceder a míseros recursos. Bueno y cosa a parte, siempre suenan los mismos nombres.
Por el contrario, se les debe salir a buscar a la calle, a los cerros, a las universidades. Nuestra ciudad está llena de ellos, la mayoría ejerciendo labores muy disímiles a los de su oficio y por los cuales son capaces de entregar la vida en ello. Y sépase que hubo muchos que así lo han hecho. Sin el menor reconocimiento de nadie, además que los reales artistas jamás lo exigen. Llamémoslo orgullo de artista, que finalmente es lo único que les queda junto con sus obras.
Creo que la tarea no es muy difícil. A mi simple manera de pensar observo que se debe realizar un catastro verdadero de todos los artistas de la región, con sus respectivos currículos. De esta forma tendremos una base de datos actualizada, para requerir de ellos cuando sea necesario, así la estructura de un evento cultural, sea el que sea, asegura el fluir necesario, para la comunidad, de una verdadera cultura, además se controlaría de manera íntegra y con un nivel ciertamente de calidad; y donde los recursos serían manejados de manera eficiente y transparente.